04 noviembre 2007

Zapatos

Zapatos. Maastricht, 2007
Raquel, derrochando simpatía y personalidad de los pies a la cabeza.

4 comentarios:

Alfonso dijo...

Adelantándome a posibles comentarios, tengo que decir que sé que no son exactamente zapatos, sino botas. Pero me gusta mucho más la sonoridad de esa palabra, así que voy a mantener el título...Permitidme esa licencia.

Ra dijo...

En estas que me marco
unos zapatos rojos y relindos
por caminito (quel tiempo ha borrado)
y compro un vestido
pa una que era mi china malvada
- y que no le ajusta por la espalda-.
Y mira vos
que los estreno en otros lares
como a la media mañana
camino del dentista
cerca de los espumosos.
Y me mira los pies un negro.
Toda la gente de la ciudad miran arriba:
La lluvia (llovía hasta el aburrimiento)
Cuando saldrán las estrellas
El cielo encapotado
Todo eso miran.
Y ahí mis zapatos, que nadie los ve.
Solo el chico negro
repara en mis zapatos rojos y blancos
- como aquel poema blanco-
En fin. Caminemos.


Busqué por toda la ciudad con mar
aquellos zapatos color del poema
-íbamos de la mano y nos esperaban-.
Tomábamos café negro
y algunos helados en blanco
y unos cordones bien chulos.
Llegábamos tarde a las tiendas
¿ porqué discutimos mi amor?
si yo solo quiero caminar.
Eran blancos y negros,
como grandes, de payaso,
o de un tío que toca Jazz
- o lo escucha, al menos-.
Era el gran sueño de mi vida
Tener aquel par, como en una caja
Y mirarlos por las mañanas de alegría;
Y pasear por un pasillo corto, silbando Caravan.


Después me compré
unos zapatos que me regalaron
aunque eso sea imposible. Aunque sea incierto.
Pero bueno. Es lo que buscamos.
Eran de otros pies
mas caminados y valientes.
Habían andado la espesura,
bailantas y villas, favelas,
Caminos más del pecado.
No eran de mi número,
¡ y ya¡ , me dije.
Un poeta lento y menor
debe calzarse como mandan,
calzarse justo sin apartarse de los caminos
buscando “las sendas de los abuelos dormidos”.
pero no más. Ni menos


Mis primeros zapatos camp
fueron rojos de suela negra
( me digo esta mañana de Santo Domingo
en un hotelito a juego por el malecón).
Duerme ahí cerca Lane
Y llueve al pasito.
No he andado mucho con ellos
y parezco alto, quizás desfigurado,
parezco loco
como la mujer que vende sus pinturas en la Conde
Queloqué? Mi hermana.
Cinco pesos ni loca.
Ciento cincuenta. Y cinco de la paleta.
Bueno, ahí nos arreglamos.
Que poesía de cifras.
Me duran esos zapatos rojos
sin pumas ni zarpazos,
sin esperar nada, apenas.
Sobreviven a este terrible silencio


Toma, te los devuelvo,
no puedo con ese azul tan inmenso,
no me siento cómodo ya.
Quiero unas botas de charco
-si es que quieres regalarme algo-
hasta las rodillas
y que combinen con un impermeable a juego,
como los pescadores de Sithingelm
hombres de barriga cervecera;
y que huela a pescado
bien fuerte, como tu cuerpo.
De esas botas que les gustan a los niños.
A los niños felices.


Hace mucho, un hombre me dijo,
enseña tus pies en Mónaco, que es una isla.
Los cubriré de zapatos.
El hombre murió hace poco.
Y me puse triste. Tan descalzo.
El hombre hablaba italiano,
por la puerta de atrás, quesunidioma,
y nunca llenó mis pies, tan suaves, tan de poeta.
Ahora los cubro de arena
en Bayahibe, el cactus que florece,
y luego camino,
y de a poco se va soltando
la triste arena de las playas,
pero no toda,
siempre queda algo, como el recuerdo.
Pobre hombre, pobres pies

Alfonso dijo...

Bueno, después de mi tercera o cuarta lectura de tu comentario, el más largo, genial y caótico que hasta la fecha se ha visto por este blog, me decido a responder.

Muchas gracias por el mismo. Cada vez que lo releo, me dice algo más este texto-poesía-relato cubista/surrealista-collage. Pero creo que aun necesito muchas más revisiones para descubrir todo lo que lleva.

Bravo Ra! Ha sido un placer conocerte, a tí y todo tu mundo!!

Kafka dijo...

Buah menudo relato... me encanta...
Alfonso esas botas me trasmiten tal cantidad de cosas... son chulísimas!!
Un abrazo Alfonso!